Gaviota – Reflexiones sobre el Centro Social Okupado y Biblioteca Sacco y Vanzetti
colaboracion solidaria
Por estos días se cumplirán 10 años desde que el Centro Social Sacco y Vanzetti abriera sus puertas por primera vez.
Seguiríamos con el
espacio, articulando ideas y proyectos contra toda autoridad,
seguiríamos porque esa siempre fue nuestra actitud, aún en las peores
épocas de represión y miseria, pero el 14 de agosto fuimos por segunda
vez allanadxs en la llamada operación salamandra, enmarcada en el caso bombas. Ese mismo día fuimos desalojadxs, la casa clausurada y nuestras cosas retenidas y luego robadas.
La casa fue cerrada y custodiada por miembros de la policía de investigaciones, así terminaron 8 años y medio de okupación.
Golpe tras golpe,
siempre nos levantamos, una y otra vez, pero ese último round, el de la
recuperación de la casa, lo perdimos, en la confusión del momento,
recibiendo golpes simultáneos y quedando disgregadxs en diversos
escenarios de la lucha. Nos separaron. El poder y sus jugadas nos puso
en realidades diferentes, separando nuestros mundos a la fuerza. Unxs
fueron apresadxs, otros quedaron en la vereda, observando la destrucción
y yo emprendí el vuelo, intentando evitar la cacería por el mayor
tiempo posible.
Quizá esa diferencia
de escenarios fue un factor que tendió a agudizar el contexto ya de por
si adverso. Había que hacerse gigantes para avanzar y seguir luchando
sin poder estar unidxs físicamente, pues nos separaban los barrotes, las
murallas, las cámaras y las distancias.
Al menos entre
prisionerxs y lxs compañerxs afuera podían seguir comunicadxs, ya fuera
por visitas, cartas u otra forma de ingenio, si aquello no se hizo, pues
una crítica profunda deberían cultivar quienes teniendo libre movilidad
no hicieron lo suficiente, lo necesario para superar un presente
hostil. Unx no puede sentarse y acomodarse en la espera de que los
compañerxs abandonen la prisión y salgan a las calles, resignarse a ello
es asumir que el estado nos enjaula compañerxs y congela las
relaciones, algo así como un paréntesis que puede durar lo que dure la
condena. Ese acto de deslealtad, de falta de compromiso y motivación es
lo que va matando en la soledad a lxs prisionerxs.
Los primeros pasos
De la Casa Libertaria al Centro Social Okupado y Biblioteca Sacco y Vanzetti
La historia de la
Sacco me hincha el corazón y me levanta la moral y no me sorprende ni
por un segundo que la represión nos haya atacado con la virulenta forma
que cobró. Es la venganza evidente, el odio que fueron cocinando a fuego
lento en tantos años de intentar amedrentarnxs y ver que su intentos
solo nos convencían de que había que luchar con más fuerza, con más
inteligencia. Hay personas a las que la represión las vuelve más
fuertes, otras se anulan y se encierran tras rejas imaginarias.
La Sacco fue variando
en sus posiciones a lo largo de los años, creció desde contradicciones y
discursos que se fueron radicalizando con el tiempo, asumiendo errores y
tropiezos, viviendo traiciones y decepciones profundas. Pero ese camino
fue/es hermoso, es la mejor fotografía de los procesos personales que
se van comprometiendo, asumiendo riesgos y buscando la coherencia entre
palabra y acción.
Es en definitiva el
camino propio de cualquier luchadorx, que se va nutriendo de diferentes
experiencias y del modo en que ellas van fortificando las convicciones
propias y van abriendo nuevos senderos. Así fuimos fortaleciéndonos y
dejando atrás la tibieza de algunos primeros planteamientos.
En más de 8 años,
muchas cosas fueron cambiando, gente se fue, apuñalando por la espalda,
sin un mínimo de lealtad y honor, otra simplemente se dedicó a
diferentes tareas, igualmente de necesarias, igualmente de fructíferas. Y
se fue conformando un colectivo libremente asociado, con voluntades que
apuntaban a colectivizar ideas que niegan desde la práctica permanente
el desarrollo de cualquier autoridad. Así nuestras prácticas fueron
buscando la radicalidad y el punto de no retorno hacia el mundo del
capital.
Levantamos un espacio
de okupación diferente a lo que se conocía por esos años, en donde el
reventón “rebelde” era la tónica, donde las bibliotecas eran más una
especie de juego, de pose, que una labor dedicada, real y seria, asumida
con responsabilidad. Nosotrxs fuimos nutriendo nuestra biblioteca,
haciendo actividades para comprar gran cantidad de libros y manteniendo
el compromiso de tener el espacio abierto contra viento y marea.
Así fuimos conformando
una de las bibliotecas más completas de textos ácratas y de
experiencias de lucha muy diversas en sus herramientas y planteamientos.
Sentíamos la contradicción de tener lo que llamábamos “textos basura”
como son toda la amplia gama de libros que piden en las instancias
escolares. Decidimos seguir teniéndolos con el único afán de solidarizar
con aquellos niños y jóvenes que no tenían dinero para comprarlos. Esas
personas fueron desapareciendo del espacio, es cierto, pero en gran
medida ese fue el fruto de la labor llevada a cabo por la prensa, que
mes a mes nos levantaba como los representantes del demonio.
En nuestras asambleas
decidimos cerrar la puerta al consumo y venta de alcohol, drogas y de
productos provenientes de la explotación animal. Así nos ganamos el odio
y la antipatía de quienes no conciben la lucha sin el decadente
espectáculo de zombis ebrixs levantando el puño y derramando el vaso de
cerveza, ebrixs que en nada se diferencian del público que atiborra las
discotecas de moda.
Hoy por hoy los
espacios autónomos mantienen siempre una clara inclinación hacia la
liberación animal, pues es el camino lógico cuando realmente estás
contra toda autoridad, pero por aquellos años debíamos lidiar con toda
una serie de afisionadxs a los asadxs y al festival de la carne para
generar ganancias en una actividad. NOs enfrascamos en largas
discusiones para evitar estas prácticas decadentes y fuimos tensionando
aún más las relaciones ya tensas.
Así fue como de
nosotrxs, del espacio se fueron tejiendo una serie de descalificaciones,
insultos y difamaciones. Lo peor no es lo que digan o dejen de decir,
lo mas patético es que hay personas que ponen oído a la difamación y se
apartan de un espacio y reproducen comentarios sin nunca haber puesto un
pie en el lugar que tanto denostan. De este modo nuestras
características personales pasaron a ser motivo para detestar el espacio
y rechazar cualquier iniciativa que de éste pudiera emerger, la
estupidez persiste, siempre.
A lo largo de los años
vimos un desfile de personas, gente que fue pasando, viviendo algo así
como la locura juvenil de estar contra el Estado y luego acomodarse en
los puestos de trabajo a los que podían llegar gracias a sus títulos
universitarios, nunca más se acordaron de luchar, nunca más. Vimos gente
que fue diluyendo su fuerza en las fiestas, la jarana y el jolgorio,
cambiando posiciones como un camaleón. Vimos pasar a mucha gente,
mientras seguíamos afanadxs en ser un aporte y no dar pie atrás.
Fuimos empapándonos de
la afinidad y la libre asociación, comprendiendo en lo concreto a que
hacían alusión esos conceptos, miramos de pronto nuestro cotidiano vivir
y comprendimos que en muchos casos lo que nos unía era un espacio
físico y no un proyecto mayor. Asumir aquello fue un golpe al cerebro y
nos remeció, entones empezamos a depurar nuestras relaciones y nuestro
entorno. Para algunxs esto será un proceso autoritario, para mi y los
demás compañerxs, es la natural lucha por crecer, vivir y desenvolverse
en un entorno de afinidad, compromiso y real compañerismo.
Termino de escribir aquello y pienso en el proceso que viven hoy los compañerxs de la FLA
en Argentina y diferencias más, diferencias menos, es una historia
parecida a la de la Sacco en sus primeros años. Así que mi ánimo y mi
energía hacia esxs compañerxs es gigante.
Se lo que significa
luchar por un espacio, luchar por recuperarlo no solo de la
especulación, el lucro y la represión, se sobretodo, lo que significa
recuperarlo y defenderlo de la apatía de quienes no quieren hacer nada,
pues sienten a su enemigo demasiado grande, demasiado arraigado o no
comprenden el sentido de tomar el riesgo. Los espacios se recuperan,
también de la abulia interna.
El tiempo en la Sacco
fue pasando y fueron llegando nuevxs compañerxs, personas que fueron
conformándose en hermanxs y cuyo recuerdo me invoca dulces y rabiosos
momentos, la afinidad no es un lago en calma, es todo lo contrario,
porque es un mar intempestuoso que en sus cambios de mareas va
afianzando o destruyendo relaciones.
Era el año 2006 y tras
la molotov a la Moneda y el allanamiento/desalojo a la Mansión
Siniestra, los dueños legales de la casa, el Instituto de Salud Pública,
inician un juicio para sacarnos. Decidimos luchar por mantener el
espacio y entrampar el proceso el mayor tiempo posible. Y nuestra
decisión de continuar y no armar las maletas pese a las amenazas, hizo
que terminaran de irse quienes siempre estuvieron con un pie afuera. La
represión siempre es el mejor filtro para comprobar compañerismos,
lealtades y espíritus de lucha.
Algunxs dirán que
defender una casa no es gran cosa, seguramente también les parece
ridículo que las comunidades mapuche reivindiquen la recuperación y
defensa de la tierra.
Ese gérmen de
resignación es para mí como una enfermedad, que va extendiéndose a todos
los aspectos de la vida, luchar por una casa es ridículo, luego también
lo es luchar por la tierra, por la libertad de un compañerx, por la
recuperación de la propia vida, luchar con riesgos siempre es ridículo,
mejor es “luchar” en términos puramente discursivos, a través de textos
que no ponen en tensión nada, que solo son lenguaje del estado bao la
pantomima de estar contra su contra.
Para mí las
okupaciones se defienden, con todo, porque son los hogares que hemos
conformado y donde hemos ido creciendo y porque son los espacios donde
levantamos los proyectos que van articulando y materializando en el aquí
y en el ahora los valores y deseos de una vida con aires de libertad.
La negación del Estado
conlleva un momento represión y hay que estar dispuestx a asumir ese
costo, con tal de embarcarme en la recuperación de la vida en las
propias manos.
Era el año 2006 y a
más represión, más nos fuimos radicalizando. Pero éramos en un momento
solo dos personas viviendo en el espacio (aún cuando más lo sacaban
adelante) y las cosas se ponían pesadas, noche a noche con esa sensación
de que entrarían reventando puertas, me fui familiarizando con ello y
le cambié el sentido, la idea es estar alerta, pero sin sufrimientos.
A la par que el juicio
avanzaba, fueron llegando nuevos compañerxs y su fuerza, su risa, sus
rabias, fueron generando un ánimo mayor, eramos pocxs, pero con todas la
fuerzas de la historia, como decía la frase que repetíamos una y otra
vez.
Recuerdo que la
decíamos sin cesar, cada vez que teníamos que ir a buscar agua y cargar
los bidones, porque no teníamos agua, una millonaria deuda nos tenia sin
el vital elemento y tres veces por semana estábamos en el grifo,
expuestxs a más no poder…¿se puede ser más vulnerable?.
En los mayores
momentos represivos siempre estuvimos expuestxs a ser detenidxs en ese
instante, me da tanta risa aquello y recodar nuestras travesías
intentando evitar los carros policiales que patrullaban el barrio,
recuerdo una vez donde nos cercaron entre dos patrullas y se bajó el
oficial a cargo, quien sujetando su arma procedió ceremoniosamente a
destapar uno de los bidones y oler su contenido, que risa, que habrá
creído? que llevábamos 200 litros de bencina?, quien sabe..
Nos fuimos
acostumbrando a la presencia represiva y aprendimos a convivir con los
mercenarios, sin nunca bajar la guardia y asumiendo año con año que que
vendrían tras nosotrxs, empeñados en encerrarnos y silenciar nuestra voz
indómita. Pero nuestra fuerza común nos levantaba, nos hacía buscar el
mejor camino para seguir aportando a la lucha, sin decaer, regalarnos o
apagar nuestro fuego.
Y en ese ir avanzando,
decidimos cambiarle el nombre al espacio, conservando el recuerdo y la
memoria de dos ácratas italianos que fueron implicados en un homicidio y
asesinados para dar un ejemplo al resto, intentando amedrentar la
lucha. Mantuvimos sus nombres pero cambiamos, de la “Casa Libertaria” al Centro Social Okupado y Biblioteca Sacco y Vanzetti.
Cambiamos el nombre básicamente porque Casa Libertaria no
explicaba en nada nuestras posiciones de vida y había que reivindicar
la okupación, pues esa era la herramienta que estábamos utilizando. Por
lo demás el nombre de “casa” no hacía alusión a otra cosa que no fuera
una vivienda y si bien era nuestro hogar, era mucho más que un techo
bajo el cual dormir, pues era un espacio que compartíamos con otras
personas, que colectivizábamos con otrxs, ya fueran otras organizaciones
y colectivos o las personas que cotidianamente iban a la biblioteca o a
sus otras actividades.
Fuimos ampliando
nuestro quehacer y conformando una serie de labores periódicas, como los
foros, las tertulias, el cine y nuestras recordadas actividades con
comidas y platos exquisitos, cuya gama de postres y dulces marcó un hito
en las artes culinarias veganas, siempre donadxs por solidarixs
compañerxs.
Ya no eramos solo una
casa, eramos un centro social, superando esa dicotomía tan en boga, de
lo social, versus lo antisocial. Recuerdo la discusión de horas para
incluir esa frase en el nombre, hoy me da risa pensar que quienes más
querían incluirlo y rabiaron largamente, luego se volvieron antisociales
a muerte, ¿se morderán la lengua en la actualidad?, no importa, es
parte de las contradicciones que hay que superar, por mi está bien (aún
cuando no me agradaba en un principio), lo cierto es que era un espacio
donde confluían realidades sociales diversas, que chocaban entre si o
con su entorno y era un espacio en el corazón mismo de la sociedad
santiaguina.
Fuimos materializando
proyectos grandes, editando material y apuntando siempre hacia la
expansión de ideas y prácticas antiautoritarias. Solidarizando codo a
codo con compañerxs en prisión, levantando actividades que rescataban la
memoria e ideando siempre la generación de dineros con fines
solidarios. Nos hacíamos fuertes, en el ejercicio constante. La casa
hervía de gente y daba gusto ver el fruto de tanto esfuerzo.
Noche negra de negros augurios
El 22 de Mayo de 2009,
fue una madrugada como cualquier otra, con algo de frío, pero
absolutamente normal. Nada hacía que nuestros sentidos detectaran lo que
estaba aconteciendo. Mauri se iba, partía
lejos y no pudimos ni despedirlo, ni conversar, ni abrazarlo y quitarle
el mal humor. No pudimos sujetarlo en los brazos y decirle cuanto amor
sentíamos por él. No pudimos, enfrascadxs en el vertiginoso ritmo de la
vida, aveces unx olvida cultivar la fraternidad de las relaciones, el
afecto y los cuidados, es un error, ya lo comprendí.
Mauri muere producto
de la detonación del artefacto explosivo que portaba, la escuela de
Gendarmería era su destino, pero no alcanzó a llegar, le faltaba media
cuadra. Y todo se volvió un huracán. La represión se agudizó, el dolor
se clavó como un cuchillo en el corazón y mucha gente se alejó como si
portáramos una enfermedad mortal. Otrxs en cambio se acercaron,
decididxs a no dejarse amedrentar, empeñadxs en fortalecer los lazos
antiatoritarios.
Los noticieros de la
mañana fueron relatando los hechos, pero sin ahondar demasiado en lo
sucedido. Se sabía que un hombre de 27 años había muerto y escucharlo
fue un golpe terrible, recuerdo que me zumbaron los oídos y me sentí
como en una montaña rusa, me sobrecogí del dolor de comprender que
habiamos perdido a un compañero, en ese minuto no sabia que era Mauri,
la prensa no tenía la identidad todavía. Fui pasando de pieza en pieza
despertando a lxs demás compañerxs, les fui contando lo que ocurría y
viendo como sus rostros recibían el impacto. Ese gesto, que se fue
repitiendo en todxs, es la muestra gráfica de que aquí no hay amiguismo,
es un tema de solidaridad revolucionaria, no puede dejarte indiferente
la partida de un compañero en circunstancias como esas, inclusive si
estás de acuerdo o no con la táctica de la acción directa. Permanecer
indiferente frente a una muerte así es no tener sangre en las venas.
Nos reunimos en torno
al televisor a intentar recabar más antecedentes, algunxs fueron a
internet y ya circulaban las primeras fotos, fotos terribles que nos
fueron desgarrando el alma. Una bicicleta destruida, mangas de una
chaqueta sobre la copa de un árbol, fotos que sugerían lo que había
ocurrido, que generaban daño, pero que no alcanzaban el durisimo efecto
de las que fueron circulando después. Los mercenarios no tienen límite
en su morbosidad, en la indignidad de su ser.
Nuestro corazón fue
palpitando aceleradamente, los datos iban dando el indicio de quien era
el compañero muerto. No tengo palabras para describir ese momento, me
cuesta escribir y me detengo, pues revivo todo lo que fue ese largo día.
Brotan de mi lágrimas de sangre y es la muestra evidente de que un
dolor como aquel, no se supera, no se suprime, no se va, vive y reside
dentro nuestro, es la fortaleza guerrera la que te permite seguir
luchando, entendiendo que derrumbarse es la victoria del enemigo.
Mis ojos se desbordan y
creen que eso me vuelve indigna?, creen que el dolor empequeñece a un
compañerx?, pues se equivocan, podré brotar lágrimas, pero ni por un
segundo bajo la guardia, bajo los brazos y me retiro a desmoronarme en
una esquina. Siento dolor porque es una perdida gigante, siento dolor
porque tengo un corazón enorme, pero no pierdo de vista el horizonte de
lucha, el dolor y la deserción no son sinónimos.
Hay quienes dicen
estar contra el Estado pero solo reproducen sus lógicas de conducta y
afanosamente buscan ser el macho alfa de la manada, insensibles y con el
rostro imperturbable, si quieren un ejército el Estado les provee de
uno, yo reivindico una posición guerrera ante la vida, que sabe avanzar
con sus sentimientos, sus alegrías y sus dolores, pues conoce la
profundidad de su ser y no se esconde tras caretas de estereotipos
ganadores.
Recuerdo que encendimos la radio para nutrirnos de todo y el locutor describe el tatuaje del pecho. Ni Dios Ni amo.
Podría haber sido una
desafortunada coincidencia, pero en el fondo sabíamos que nuestro tigre
ya no estaba. Fue una flecha, que entró sin permiso, ni piedad, cuyo
veneno nos cambió el rostro de forma instantánea. Nadie dijo nada, el
momento permaneció suspendido entre el barullo de la radio y la
televisión. No nos movimos, buscamos nuestros ojos y nos miramos
largamente en silencio, había fuego en las miradas. Pueden brotar
lágrimas ahora, pero en ese minuto no, no lloramos sino hasta el
funeral, algunxs mucho tiempo después, no lloramos porque no podíamos,
porque teníamos tanto por hacer, porque todo era una vorágine, porque
nuestra cabeza buscaba la respuesta a la pregunta de cómo solidarizar,
que hacer, como ayudar, como responder. No pudimos sino apretar el puño.
Entonces dieron su
nombre y lanzaron su foto. La cacería estaba desatada y había que estar a
la altura de las circunstancias, cuando unx lo comprende así, el camino
se va abriendo y luchar se vuelve el verbo que va iluminando la noche.
Algunxs compañerxs
fueron llegando a la casa, recuerdo que uno en bicicleta se coló justo
cuando cerrábamos la puerta. Nos abrazó llorando y su calor calentó en
algo el inmenso frío que se sentía, como si la casa estuviera de pronto
cubierta de hielo. Espero que leas estas palabras hermano, espero que
sepas cuan importante fue tu presencia ese día y cuanto lamento que
estemos separadxs hoy.
Tomé al compañero
felino y pedí que lo sacaran de la casa, pues no quería que viviera el
allanamiento (que dábamos por hecho se produciría), así se lo llevaron
en auto mucha a muchas comunas de distancia, pero Philip y su espíritu indomable se escapó apenas llegó a su refugio y lo perdimos.
Tuvieron que pasar dos
meses para que una mañana retornara al hogar, flaquísimo, herido y con
hambre de afecto. Como se orientó para volver? solo él lo sabe, lo
cierto es que tampoco quería dejar su hogar sin pelear. No pudieron
salvarlo tras el desalojo de 2010 y allí lo encontró la muerte, el no se
quiso ir y algún desquiciado lo envenenó en la casa ya clausurada, nos
odiaban por igual, a animales humanos y no humanos. Mi amor te honra y
te recuerda.
Y ese 22 de mayo,
nuestra calle se fue llenando de gente, nosotrxs ya estábamos decididxs a
luchar, así que esperábamos desde el techo y el tercer piso.
Observábamos como iba llegando gente y compañerxs, lo he dicho antes y
lo repito con fuerza ahora, ese gesto de defensa que ustedes conformaron
fue un misil de fuerza hacia nosotrxs, fue el combustible necesario
para que se avivara la llama dentro de cada unx de lxs que estábamos
adentro, decididxs a caer luchando, sin arrodillarnos jamás.
Ese gesto hermoso fue
la fuerza colectiva que se negaba a callar frente a la muerte de un
compañero. Ya se ha dicho, el silencio no es lo que debiese suceder ante
la pérdida de un hermanx. y ese día no hubo silencio, hubo gritos,
rayados, barricadas, persecuciones a la prensa y posiciones de ofensiva.
Pero esa noche la
policía no entró, acordonó el área, gaseó, mojó, pero finalmente se fue y
a la mañana siguiente aún ardían las fogatas… Si hubo orden de
allanamiento o no, si cometimos un error al reivindicar a Mauri ese día,
para mi es una discusión obsoleta, algunxs dirán que solxs nos pusimos
la soga al cuello, que deberíamos habernos quedado calladxs, que
inclusive deberíamos haber dejado la casa…y sigo insistiendo, es ese el
germen de salvar el trasero a toda costa y relegar siempre, siempre,
siempre, siempre cualquier choque con las fuerzas de seguridad.
Todo el mundo podría
haberse quedado en silencio, bajo supuestas medidas se seguridad y que
Mauri quedara diluido y fragmentado en el “análisis” que la prensa hacía
de él, en las infamias que de él difundían. Podría haberse hecho eso y
habría sido una deslealtad. Las lógicas de seguridad son herramientas
para la vida en lucha, no existe un lógica de seguridad en el encierro
en casa frente al televisor, apartándose de compañerxs perseguidxs o de
espacios señalados, ese no es un camino de seguridad, es un camino de
cobardía, en donde lo único que se busca es la protección personal para
continuar en la plácida existencia. La seguridad es para la acción
revolucionaria, no para el silencio cómplice.
Lo cierto es que
cualquier que levantara su voz para hablar de Mauri sería señalado, pero
lo cierto también es que nuestra sentencia ya estaba firmada, que las
investigaciones en nuestra contra llevaban años, pues el poder estaba y
está empeñado en sindicarnos como culpables de los ataques explosivos a
nosotrxs, intentado así tapas la vergüenza de no tener la más remota
idea de quienes han perpetrado los ataques
Como nosotrxs eramos
un espacio abierto, con actividades permanentes y un discurso
marcadamente antiautoritario, pues entonces teníamos que ser nosotrxs,
la investigación policial tiene mucho de delirio y muy poco de
inteligencia. Nos atacaron a nosotrxs, porque era lo único que veían,
así de patético.
Nos decidimos a no
decaer y a seguir agitando en nombre de Mauri, ayudando y solidarizando
con quienes más lo necesitaban, no como acto caritativo y
misericordioso, sino como un acto más de lucha, en donde los compañerxs
no se abandonan, por muy grande que sea la adversidad. Y así se fueron
sacando afiches y editando material, con la firme convicción de combatir
el olvido y de poner en común las ideas de Mauri, otorgándoles a
quienes no lo conocieron, la posibilidad de comprender por su propia
boca cuales era las ideas que el compañero empuñó. Pero desde la
soberbia de siempre, algunxs dijeron que intentábamos quedarnos con
Mauri para nosotrxs, ¿se puede ser tan idiota y mas encima
reivindicarlo?.
Pudimos haber
atesorado su recuerdo y quedarnos con nuestra experiencia y conocimiento
para nosotrxs solxs, así con el cambio de generaciones su voz se iría
apagando y sus ideas serían una incógnita, como lamentablemente ocurre
con muchxs compañerxs muertos, cuyos pensamientos se pierden con el paso
del tiempo o que inclusive no se conocen.
En el fondo es casi un
chantaje, en donde o te quedas callado o serás sindicadx como
intentando acaparar la memoria…que ridículo, nunca le pusimos una
mordaza en la boca a nadie, al contrario, contribuimos a que muchxs
compañerxs pudiesen dar sus opiniones, si alguien se quedó calladx es
bajo su propia responsabilidad, que no puede atribuírsela al resto.
Nosotrxs solo hicimos aquello que nos dictó la conciencia y pienso que
siempre fue poco, que se pudo haber hecho más. Me siguen rondando las
mismas preguntas de un inicio y las mismas ganas de poder decirte todo
aquello que no te dije nunca, pero ya es tarde y esa es una lección de
por vida.
Después de tu muerte
todo se aceleró y nos allanaron en diciembre de 2009, luego vino el
desalojo de agosto y yo me quedé en este escenario tan complejo, tan
plagado de contradicciones y rabias, huyendo hace más de un año.
Mis hermanxs fueron
apresadxs y tuvieron que compartir con seres indignxs que decidieron
difamar para el beneficio del poder, lxs mismxs que hoy son
reivindicadxs como compañerxs y que solo se merecen el repudio y el asco
general.
Tras meses en prisión
pudieron salir a la calle y hoy se sientan a escuchar tediosas
audiencias que solo demuestran que esto es una venganza y nada más.
Algunxs lograron el
sobreseimiento y pueden caminar con más soltura por las calles. Pero
esto no parará, lo tienen claro, lo sé. El cierre entre sombras y
silencio.
Y hoy miro hacia atrás
y analizo, errores, aciertos, proyectos y actividades, lo dulce y lo
amargo y cada uno de esos momentos solo confirma lo expresado tantas
veces, la necesidad de la proliferación de espacios que nieguen la
autoridad. Espacios posicionados contra el poder, contra la dominación y
la explotación, espacios autónomos, horizontales y decididxs a no
pactar, ni agachar la cabeza ante nadie.
Esos espacios sirven,
nutren, aportan, fortifican y potencian a compañerxs, posibilitando el
avance de las convicciones y los valores, aumentando cuantitativa y
cualitativamente las posiciones antiaturoritarias en la guerra social.
Los espacios autónomos aportan en la medida en que rompen con el
amiguismo y se deciden a participar activamente en la agudización del
conflicto.
Así cualquier persona,
conocida o no, puede tener acceso a libros, experiencias, discusiones
sin la dependencia a alguien en específico que se decida a compartir sus
propias vivencias o -las tan tristemente comunes- bibliotecas
personales.
Los espacios
antiautoritarios para mí no son espacios para “lxs afines”, sino más
bien espacios para ir generando afinidades, pero cerrarle la puerta a
alguien porque simplemente no se le conoce me parece una estupidez, algo
así como un elitismo negro para acceder a determinada literatura,
películas o foros.
Pero así como es
importante la proliferación de las okupaciones y espacios autónomos, de
igual medida es necesaria la defensa de los mismos en momentos de
represión, no puede ser posible que aquella labor solo le corresponda a
quienes vivieron en el lugar, para mi es una tarea que incluye a quienes
se han ido nutriendo de esos espacios y han visto fortificada su propia
vida. Es un asunto de lealtad.
Y no hablo solo de una
defensa en términos materiales, como ir a resistir un desalojo o dar
combate afuera de los espacios, sino que hablo también de una defensa
ofensiva en términos de posiciones y reivindicación de la memoria. Eso
es lo que siento que no ocurrió en los primeros meses, de hecho siento
que recién está ocurriendo ahora, cuando leo textos, reflexiones y
siento los guiños de complicidad, esa es fuerza y se sienten, en medio
del silencio borrego como algunxs dijeron por ahí. Son los gestos
concretos los que disipan las sombras que nos impone el poder, son los
gestos concretos los que reconfortan la moral y dan continuidad de
lucha.
Se necesitan espacios
de encuentro e intercambio de experiencias, de tensiones y discusiones,
se necesitan espacios que ejerzan una labor real y no simplemente
levanten consignas que se diluyen cuando el poder embiste con fuerza, si
los brazos se bajan cuando las condiciones se agudizan es el peor
mensaje, pues se difunden las ideas timoratas y no la insumisión.
En ese sentido unx
espera y anhela que los proyectos llevados a cabo con otrxs compañerxs
continúen su curso cuando la represión nos cae encima, como mejor gesto
solidario, es la idea que se anida en nuestros corazones, que si unx
cae, más se levanten, por lo mismo cuando se cierran coordinaciones,
mueren instancias de lucha y se cierran espacios, más allá del respeto a
la autonomía en la decisión, queda un amargo sabor indudablemente.
Quizá algunxs
compañerxs se pregunten el por que de la necesidad de reivindicar la
historia de lucha de la Sacco, quizá no comprendan las razones, no las
entiendan, cegados por las luces del eterno presente. El llamado que
hago, el aullido en medio del silencio no se debe a una sensiblería
barata o una angustiosa nostalgia de un tiempo pasado que fue mejor. No
se confundan, no es eso, no.
En tiempos donde se
reivindica la ausencia de valores, yo sigo levantando la espada del
orgullo, el honor, la rebeldía, la lealtad, la solidaridad, la valentía y
ese conjunto de valores me empuja a analizar la historia, nuestra
historia de lucha.
Y la Sacco es parte de
eso, es un pedazo de historia de lucha en tiempos de represión, muerte,
cárceles y fugas, en medio de todo ese huracán, nosotros nos atrevimos a
existir, a levantar el puño y seguir luchando, obstinada y
solidariamente. En tiempos de mordaza nosotrxs nos atrevimos a gritar
con fuerza, cada una de nuestras ideas y el nombre de nuestrxs muertxs,
nuestrxs prisionerxs y nuestrxs compañerxs en fuga o perseguidxs en la
guerra social, nos atrevimos a existir, nos atrevimos a luchar y por
sobre todo, nos atrevimos a vencer…
Alizar, recordar,
criticar fuerte pero fraternamente es una forma de vencerle la mano al
poder y la amnesia que nos impone. Es la mejor forma de decir, nos
desalojaron, pero no arrancaron de raíz ese pedazo de historia, de
potentes experiencias y sinceros esfuerzos.
La memoria como un
arma es aplicable no solo a personas, sino que a procesos colectivos que
generaron un aporte en las posiciones de ofensiva. La memoria como un
arma, es negarse a la resignación de que nos roben espacios y compañerxs
mientras nosotrxs observamos como espectadrxs mudxs.
El circo decadente de la infamia
Hay un mundo de
detalles que desconozco, pues la imposición de la distancia, el silencio
reinante y la escasez de información con respecto a esos primeros
meses, solo nublan mis pensamientos, pero me anticipo intentando
dimensionar y comprender como fue que el silencio se transformó en esta
bruma tan densa y espesa que envuelve al desalojo de la Sacco y al
cierre de otros espacios que se plateaban en ofensiva. Y en medio del
silencio, solo se escuchan las infamias de la fiscalía y de la prensa. Y
creo/siento que el silencio es decidor, es opresivo en una época donde
se deberían escuchar con fuerza nuestras opiniones/reflexiones sobre
todo lo que ha ocurrido. Ese silencio me hace pensar y endurecer el
rostro.
Conozco las
características miserables de lxs seres humanxs, se que en estos tiempos
deben existir personas que hablen de una supuesta derrota de la Sacco,
derrota de quienes levantamos ese espacio y dimos hasta el último
aliento por defender, no la casa y sus materiales, sino más bien, el
espíritu de la revuelta y la vida contra toda autoridad. Quién está
derrotadx?, quien sigue luchando hasta el final o quien se acomoda a los
espacios y ritmos del poder?….
Porque la represión se
abalanzó en cacería hacia nosotrxs, porque nos atacó, nos escudriñó y
fichó, porque detuvo a algunxs de nosotrxs, porque finalmente nos
desalojó de un espacio físico…por eso hablan de derrota de la Sacco?….
cuando los golpes se suceden como una tormenta de nieve nunca faltan los
espíritus miserables que levantan su dedo para acusar a quienes han
dejado los pies en la calle luchando por la liberación total. Ese rasgo
es típico de quienes buscan blanquear su imagen, a la espera de que la
oleada represiva nunca toque las casitas donde duermen en paz.
Recibir la represión,
el castigo ejemplificador no es sinónimo de derrota. Que nuestros
rostros circulen en la prensa no nos vuelve fracasadxs y perderdorxs,
entender así el conflicto es acomodarse en la butaca de espectador, es
pretender ilusamente que será el estado quien te otorgue el permiso para
cuestionarlo y enfrentar su poderío. Es hablar de guerra social y
llenarse la boca con consignas muertas, pues luego vienen los golpes y
abrazan el silencio como mejor defensa. Es hablar de guerra pero solo en
tiempos de paz.
Si la victoria está
condicionada a que los organismos de control jamás nos detecten o nos
apresen, pues entonces la guerra social es y será un proyecto muerto,
anulado antes de nacer.
La victoria pasa para
mí por el no arrepentimiento, por las ideas vivas que se fortifican en
el actuar permanente, constante, incansable, irreductible, indómito y
comprometido. Que se fortifica en los golpes que recibe en vez de salir
huyendo a camuflarse con el silencio y la indignidad de estar dispuestx a
todo con tal de mantener limpio el pellejo…
Y siempre es así,
siempre habrá quienes busquen salvar su sucio trasero a toda costa,
inclusive ensuciando el honor de otrxs compañerxs, siempre habrá quienes
se vistan de jueces y se apresuren a decir que lxs luchadorxs han
perdido, han fracaso simplemente porque la represión les ha caido
encima…..cobardes e infames siempre habrá, pero también habrá siempre
quienes no se acomoden, quienes no se callen, quienes no se resignen,
quienes se arriesguen…y entre ese grupo indómito se encuentran las
personas más hermosas y valorables del mundo.
El Centro Social Okupado y Biblioteca Sacco y Vanzetti un
proyecto fracasado?….espero que quienes levantan esa infamia no
extrañen su lengua cuando ya no la tengan…llegará el momento en que
tengan que enfrentarme, no lo duden ni por un instante.
8 años y medio de
proyectos contra el estado y sus lógicas de dominación, 8 años y medio
de colectivizar materiales, experiencias, risas y dolores. 8 años y
medio generando grandes volúmenes de dinero con el único fin de
solidarizar con los prisionerxs y sus familias.
8 años y medio
editando y elaborando material propio, libros que se escribían con tinta
de sangre. 8 años y medio generando propaganda tendiente a agitar la
paz de cementerios que nos imponen como realidad…..8 años y medio de una
victoria constante, la victoria y el orgullo de seguir, avanzando en
medio de la tormenta que la autoridad cierne sobre quienes osan
cuestionarla y viven bajo lógicas autónomas.
8 años y medio del
orgullo de materializar todo aquello que construimos con palabras, 8
años y medio de levantarse por sobre las contradicciones y seguir,
seguir luchando aún cuando el tiempo se abalanzara contra nosotrxs.
Que mis palabras abracen a Pepa, Ratón, Mónica, Abuelo, Garza y Vini y que lleven fuerza para los demás compañeros prisioneros, Mono, Tortuga, Juan, Zerman, Rusio, entre tantos otros.
Que la fuerza común y
los gestos fraternos entre nosotrxs sean la llama más hermosa que ponga
fuego a la sociedad carcelaria, sus carceleros y sus falsos críticos.
“Orgullosxs de nuestra lealtad, no aceptamos derrotadxs que nos quieran enlodar”
Gaviota














